En tiempos pasados, los ornamentos y joyas de jade denotaban la categoría y posición social. Las mujeres de procedencia noble, según lo descrito en las poesías clásicas, solían llevar joyas de jade que sacudían melodiosamente mientras caminaban. Pero el jade tenía una función más importante que la meramente decorativa. Se consideraba que existía una especie de simbiosis curativa entre un ornamento de jade y su portador. Se pensaba que cuando un adorno de jade se llevaba puesto sobre el cuerpo, el espíritu inmanente de la piedra se unía al flujo de la energía qi de su portador. Por tanto, el uso del jade era una recomendación inmediata para todo aquel que manifestara un aspecto exterior enfermizo.
Los chinos de antaño también usaron el jade como muestra de cultivación moral, como se desprende del refrán un hombre virtuoso no quita el jade de su cuerpo sin una buena razón. Confucio equiparó las virtudes humanas con el jade, al afirmar que la suavidad, la dureza y la diversidad de colores y la transparencia del jade corresponden a la benevolencia, la honradez, el ingenio y la fidelidad. Al referirse figurativamente al jade, éste se asocia a menudo a virtudes femeninas como la pureza y la castidad, describiendo a la mujer ideal pura como jade y transparente como hielo. |